Aforismo que impone al médico el deber de sanar en su propio cuerpo, mente y espíritu; Evitar la situación de "un ciego guiando a otro ciego". Precisa el autoconocimiento, practicar la reflexión filosófica, estar al tanto de los avances de las ciencias, acercarse al arte y a la cultura más elevada. Conocer y reflexionar sobre la psique humana y las religiones. En suma, implica un crecimiento cultural, moral y espiritual. Porque NO BASTA LA CIENCIA PARA COMPRENDER EN TOTALIDAD AL SER HUMANO. FVT
musica
jueves, 25 de noviembre de 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Expectativas del Paciente Respecto al Médico.
(Conversación entre el Dr. R. Peimbert, Dr. I. Cancino y el escribiente)
Los siguientes son conceptos y reflexiones entresacados de una charla que tuvimos el Maestro Peimbert, nacho y el escribiente, una la tarde al término de la consulta particular, en la sala de espera del consultorio que compartimos en las calles de Zacatecas de la añeja colonia Roma, de pronto se me ocurrió hacer la siguiente pregunta:
“¿Qué es lo que esperan los pacientes hoy día del médico que los atiende?"
La respuesta fué como una lluvia de ideas:
Sabiduría
Que el médico sea sabio, que sepa lo que esta haciendo, que este actualizado en las mejores técnicas de diagnóstico, de la cirugía y tratamientos, no solo los últimos y más modernos sino en los mejores y que los sepa aplicar y los aplique cuando así sea necesario hacerlo.
Pulcritud y Limpieza
En su persona y en su vestimenta. Esto debe hacerse desde la residencia médica, se ve en algunos hospitales como los médicos residentes lucen impecables, hasta parece que los escogen. Que esté estrictamente prohibido echar taco en el consultorio. El médico debe reflejar limpieza en todas sus acciones.
Prontitud en la Atención
Que lo que haga lo haga con una presición matemática, presición en las acciones de diagnostico y presición en el tratamiento, por supuesto la indicación quirúrgica y la cirugía deben ser igualmente precisas. Que la referencia a los servicios sea expedita.
Humanismo
Que se interese en el paciente como ser humano, hay que recuperar el humanismo que se observaba en el médico formado en la antigua escuela de medicina y en el Hospital General, el humanismo nacido con la ilustración y revolución francesa con los ideales de libertad, igualdad, fraternidad. Esto se perdió con los nuevos programas de estudio anglo-sajones donde los norteamericanos nos vendieron la idea de las especializaciones, ahora el medico sabe mucho de poco y ha perdido la visión integral del ser humano. Al perder la clínica ahora el médico quiere que el diagnóstico se lo de una máquina, o un estudio.
Comunicación
Que informe al paciente sobre su enfermedad, que aclare sus dudas, que le diga todo sobre su enfermedad sea lo que sea, sin amarillismos, que no actúe como cierto médico que le dice al enfermo: “le tengo dos noticias una buena y una mala… la buena es que ya sabemos lo que tiene, y la mala que lo que tiene es incurable…”. El enfermo viene al médico con la esperanza de curarse ó por lo menos aliviar su sufrimiento.
Calidez
Si a todo esto el médico le agrega modales finos y buen trato el paciente tendrá la impresión de haber recibido una atención de primerísima calidad. Si el médico agrega interés y calidez estará siendo él mismo más humano y no una máquina ya que la condición de paciente es horrenda mi doctor!, sobre todo cuando el trato es inhumano y hay demora en las acciones médicas.
Colofón
Nomás me quede pensando… me parecieron razonables estas consideraciones, no parece mucho pedir, en verdad eso mismo es lo que uno querría para sí mismo o para alguno de nuestros seres queridos en caso de estar en tal situación -toco madera- gracias a Dios no estoy enfermo, o no lo sé y nomás de pensarlo me corre un escalofrío por la espalda.
¡Lo que sentirán los pacientes cancerosos del Hospital de Oncología!
Seguramente hay muchas más expectativas de los pacientes respecto a sus médicos, sin embargo hasta aquí dejamos la charla y nos despedimos deseándonos mutuamente un buen fin de semana.
Sabiduría, pulcritud y limpieza, prontitud y precisión, humanismo, comunicación, calidez, eso es lo que se nos pide y es justo, o no?
Francisco Valdés de la Torre
Memento Audere Semper

Los siguientes son conceptos y reflexiones entresacados de una charla que tuvimos el Maestro Peimbert, nacho y el escribiente, una la tarde al término de la consulta particular, en la sala de espera del consultorio que compartimos en las calles de Zacatecas de la añeja colonia Roma, de pronto se me ocurrió hacer la siguiente pregunta:
“¿Qué es lo que esperan los pacientes hoy día del médico que los atiende?"
La respuesta fué como una lluvia de ideas:
Sabiduría
Que el médico sea sabio, que sepa lo que esta haciendo, que este actualizado en las mejores técnicas de diagnóstico, de la cirugía y tratamientos, no solo los últimos y más modernos sino en los mejores y que los sepa aplicar y los aplique cuando así sea necesario hacerlo.
Pulcritud y Limpieza
En su persona y en su vestimenta. Esto debe hacerse desde la residencia médica, se ve en algunos hospitales como los médicos residentes lucen impecables, hasta parece que los escogen. Que esté estrictamente prohibido echar taco en el consultorio. El médico debe reflejar limpieza en todas sus acciones.
Prontitud en la Atención
Que lo que haga lo haga con una presición matemática, presición en las acciones de diagnostico y presición en el tratamiento, por supuesto la indicación quirúrgica y la cirugía deben ser igualmente precisas. Que la referencia a los servicios sea expedita.
Humanismo
Que se interese en el paciente como ser humano, hay que recuperar el humanismo que se observaba en el médico formado en la antigua escuela de medicina y en el Hospital General, el humanismo nacido con la ilustración y revolución francesa con los ideales de libertad, igualdad, fraternidad. Esto se perdió con los nuevos programas de estudio anglo-sajones donde los norteamericanos nos vendieron la idea de las especializaciones, ahora el medico sabe mucho de poco y ha perdido la visión integral del ser humano. Al perder la clínica ahora el médico quiere que el diagnóstico se lo de una máquina, o un estudio.
Comunicación
Que informe al paciente sobre su enfermedad, que aclare sus dudas, que le diga todo sobre su enfermedad sea lo que sea, sin amarillismos, que no actúe como cierto médico que le dice al enfermo: “le tengo dos noticias una buena y una mala… la buena es que ya sabemos lo que tiene, y la mala que lo que tiene es incurable…”. El enfermo viene al médico con la esperanza de curarse ó por lo menos aliviar su sufrimiento.
Calidez
Si a todo esto el médico le agrega modales finos y buen trato el paciente tendrá la impresión de haber recibido una atención de primerísima calidad. Si el médico agrega interés y calidez estará siendo él mismo más humano y no una máquina ya que la condición de paciente es horrenda mi doctor!, sobre todo cuando el trato es inhumano y hay demora en las acciones médicas.
Colofón
Nomás me quede pensando… me parecieron razonables estas consideraciones, no parece mucho pedir, en verdad eso mismo es lo que uno querría para sí mismo o para alguno de nuestros seres queridos en caso de estar en tal situación -toco madera- gracias a Dios no estoy enfermo, o no lo sé y nomás de pensarlo me corre un escalofrío por la espalda.
¡Lo que sentirán los pacientes cancerosos del Hospital de Oncología!
Seguramente hay muchas más expectativas de los pacientes respecto a sus médicos, sin embargo hasta aquí dejamos la charla y nos despedimos deseándonos mutuamente un buen fin de semana.
Sabiduría, pulcritud y limpieza, prontitud y precisión, humanismo, comunicación, calidez, eso es lo que se nos pide y es justo, o no?
Francisco Valdés de la Torre
Memento Audere Semper

martes, 2 de noviembre de 2010
Muerte en Samarkanda
A propósito de la Celebración del Día de Muertos en México
Hoy se celebra en México el "Día de Muertos" o de los fieles difuntos. Como la muerte tiene diversas maneras de ser vista no quise dejar pasar esta oportunidad de hacer un aporte, sencillo, a reserva de que en el futuro regrese sobre el tema de la muerte. El escrito a continuación lo redacte durante la convalecencia de una intervención quirúrgica a la que fui sometido de urgencia en mayo pasado. Pero, basta de preámbulo, mejor léanlo, valen comentarios.
Hace diez días fui intervenido quirúrgicamente del abdomen por un hematoma subcapsular esplénico y hace seis días fui dado de alta. Estoy convaleciente en casa de mis padres. Ser paciente no es lo que mejor se le dé a un médico acostumbrado, como estoy, a estar del “otro lado” a ser el “Doctor”. En cambio de este lado todo se ve diferente, por ejemplo la aguja hipodérmica se mira enorme, por más que le digan a uno que “solo es un piquetito”. Sin embargo es buena la experiencia ya que el dolor y el sufrimiento son pedagógicos, nos enseñan a valorar la salud y todo lo bueno que la vida nos da, a los médicos nos da la oportunidad de comprender mejor a nuestros pacientes.
Especialmente las noches de un enfermo son difíciles, por la noche se recrudecen los dolores, se presentan pesadillas, se padece de insomnio, asaltan las dudas sobre el futuro, sobre la recuperación, también sobre la posibilidad de la propia muerte; la noche de un enfermo es una larga noche, rara vez el sueño es continuo, se duerme a intervalos, a ratos, cuando no es una dolencia, es la necesidad de orinar, de cambiar de posición, hasta la expulsión de gases le recuerda el enfermo su condición y se hace con molestia, con dolor, todo ello nos hace valorar las cosas simples de la vida, hasta el respirar en ocasiones es difícil y molesto, sea porque se tiene dolor, sea porque el vientre esta hinchado y distendido, sea porque se tiene un cólico.
A veces no se quiere uno ni mover, pero se tiene que mover. La vida es movimiento constante, el latido cardíaco y la circulación sanguínea, desde el nacimiento hasta la tumba, son un movimiento continuo cuando cesan sobreviene la muerte; también se mueven los pulmones impulsados por el batir y rebatir del diafragma haciendo fluir y refluir el aire vital; se mueven las vísceras, ¡Ay, sí que se mueven! con dolorosos cólicos que desplazan esos fluidos; fluye la orina y ¡ay que dolor! al momento del vaciamiento de la vejiga urinaria; la enfermedad agudiza nuestros sentidos y la auto-percepción. Estar convaleciente nos hace comprender y percibir los fenómenos vitales más simples, para todo ello se tiene el tiempo, cuando se está enfermo.
A tanto estar despierto durante esas largas veladas nocturnas comienza uno a poner atención en los ruidos de la habitación, los ruidos de la calle, los ronquidos, algunos crujidos de las ventanas que al bajar la temperatura se acomodan. Los ruidos de la casa, con el contraste del silencio circundante, se magnifican y de pronto comienza uno a ver sombras que pasan fugaces, creemos ver “algo” y nos acurrucamos bajo las cobijas, nos cubrimos con las mantas hasta las orejas, nos asalta la duda si realmente se vio pasar algo o alguien, aparecen los temores infantiles (que no por infantiles atemorizan menos). Me pregunto, ¿Será acaso la muerte que anda rondando? o ¿Serán la ánimas de los abuelos? o mi padre en pena. Tal vez la del bisabuelo, cuyo retrato enseñorea la sala de la casa paterna. En la oscuridad vagan siluetas silenciosas, escurridizas, indefinidas. Hay el temor de en cualquier momento, verla a ella la huesuda, con la guadaña en la siniestra y pelar la mazorca llena de dientes, esa perenne sonrisa que parece burlarse de nuestro miedo ante el encuentro inevitable, incierto pero seguro. No por sabida o esperada la llegada de la ciriaca deja de causar sobresalto, siempre nos sorprende, supongo será por ese temor innato a ella, será porque se tiene la esperanza de se lleve a otros antes que a uno, aún podemos llegar a tener la esperanza de que nos le olvidemos, así que cuando llega siempre causa sorpresa, miedo, angustia, dolor, a veces rabia y frecuentemente llanto.
Estaba durmiendo, a la hora de maitines (la madrugada de los monjes) sonó el teléfono celular y desperté, era un mensaje, leí: “Misa en memoria del fallecimiento del Dr. Víctor Manuel Lira Puerto – jueves 6 de mayo 8 PM – iglesia…”. Quedé sin habla, petrificado, !Vaya…! ¡El árbol de la oncología mexicana ha perdido otra de sus ramas!. El Dr. Lira Puerto se había jubilado hace algunos años siempre será considerado y recordado como un pilar de la oncología médica en nuestro amado Hospital de Oncología: Víctor Manuel Lira Puerto fue un médico entusiasta, inquieto investigador clínico, humanista convencido, formador tesonero de jóvenes médicos oncólogos. Como hombre siempre mesurado y correcto, un caballero en toda la extensión de la palabra y buen amigo, ¡Descanse en paz!.
Quedé cavilando, con los ojos abiertos, mirando hacia la penumbra, esas sombras, esas siluetas no eran ciriaca rondándome, de haber sido ella no habría dudado en presentarse tal cual, directa y franca, como relata la leyenda de La Muerte en Samarcanda que narro a continuación:
Cuentan los que saben y han tenido una larga vida que..... caminando por un mercado de Persia Salim, un camellero de unos cincuenta años, se encontró de manos a boca con la muerte, de frente, tal cual, solo cubierta con un manto raído y la hoz en la huesuda mano siniestra.
Allí estaba ella parada en una esquina, por supuesto que Salim se puso inquieto al ver que mujeres con el rostro cubierto pasaban junto a la parca sin notar su presencia, lo mismo sucedía con otros camelleros y comerciantes que casi la arrollaban a su paso y ni se inmutaban, parecieran no ver lo que Salim estaba mirando.
El hombre se mesó la barba, se frotó con el dorso de las manos los ojos, sacudió la cabeza y volvió a mirar, ella seguía allí inmóvil, sin hacer ningún ademán o siquiera la menor intención de entablar comunicación; pasó un chiquillo jugando con un aro junto a ella, como si nada; los mismos perros del zoco riñendo por un hueso de cordero que Ibrahim, el carnicero, había arrojado, no parecieron notar su presencia.
Salim recordó las consejas de su abuela Saima: “solo el que va a morir puede ver el rostro de la muerte, para los demás es invisible…”. En ese momento el buen Salim comprendió el significado de aquel encuentro, entonces era él, ¡La muerte venía por él!, pensó.
Había llegado su hora, pero no..., no podía ser él, se dijo, él aún era un hombre fuerte y sano, hasta donde podía conocerse, tal vez las historias de la abuela Saima estuvieran equivocadas. De cualquier manera él tenía la fuerza vital para tratar de evitar aquel encuentro.
Rápidamente, Salim, cambio de rumbo y se dirigió a través de bazares, tenerías y tiendas de especias, por callejones, pero al salir a una explanada ella estaba ahí, de pie, tranquila y serena, tampoco en esta ocasión intentó la parca hacer algún contacto con el camellero. Salim regresó sobre sus pasos y rápidamente se dirigió a la mansión de Abdullah, un rico comerciante, amigo suyo y le suplico le prestara el más rápido de sus caballos, de pura raza Árabe, pues tenía que salir a toda prisa de Suxa a una diligencia urgente, sin cuestionarlo Abdullah ordenó al caballerango le entregara el mejor corcel de su cuadra.
Salim montó el poderoso animal y salió a todo galope rumbo al levante, cuando en el horizonte se perdieron los minaretes de la Gran Mezquita de Suxa el infeliz camellero se sintió un poco aliviado en su corazón.
Continuó galopando durante cinco días con sus cinco noches hasta llegar a Samarkanda, allí se dirigió a un caravasar donde entregó al caballo para que se le diese de comer y de beber y él mismo se dirigió a la posada para tomar algún alimento y descansar.
De pronto, al atravesar el patio principal del caravasar Salim la vio junto a la fuente del agua, ahí estaba ella tan fresca y tranquila como sin nada, Salim casi topa con ella y lo primero que acertó a decir tartamudeando fue:
- “Me sorprendió…, me sorprendió encontrarte el domingo en Suxa…!”
y ella le respondió con una voz cavernosa, como salida del más allá,
- “A mí también me extrañó verte en Suxa, porque nuestra cita es hoy viernes, aquí... en Samarkanda...!”
Salim no intentó oponer ya más resistencia, la última imagen que quedó grabada en sus pupilas fue la silueta de las palmeras de un oasis cercano, recortadas por un cielo azul limpísimo, movidas suavemente por la brisa del simún... Fin.
A la memoria del Dr. Víctor Manuel Lira Puerto, acaecida el cinco de mayo de 2010. Requiescat in pace.
Francisco Valdés de la Torre
Memento Audere Semper

México MMX
domingo, 24 de octubre de 2010
Humanismo Médico
HUMANISMO MEDICO
Esta es la segunda de una serie de tres conferencias, referentes a ética médica, entendida esta como la conducta apropiada que asume el médico ante el paciente y su familia. En la primera charla situamos al Hombre -homo sapiens- en el contexto de Cosmos, haré una pequeña recapitulación de ello antes de entrar en el tema del humanismo médico.
El Cosmos.
El universo es un lugar sorprendente, los conocimientos que nos aporta la ciencia contemporánea nos hablan de una vastedad inmensa, poblada de varios cientos de miles de millones de galaxias cada una, a su vez, constituida por miles de millones de soles, con justa razón cuando nos referimos a cantidades muy grandes decimos que se trata de cifras astronómicas. Existen otros cuerpos celestes, nubes de gas y polvo cósmico, agujeros negros, cuásares…etc., y por supuesto existen diversos tipos de energía y fuerzas físicas como la fuerza gravitatoria, las fuerzas electromagnéticas, etc. que le dan cohesión y dinamismo a la materia. Más aún el conocimiento que la ciencia nos aporta, nos dice que materia, energía y tiempo son un continuo, la explicaciones de la física cuántica y los problemas para aplicarlo o hacerlo compatible con el entendimiento de macro-Cosmos escapan a mis posibilidades de comprensión, de manera que no hablare de ello, baste mencionarlo para comprender lo sorprende y complejo del asunto.
Nuestra galaxia es la vía láctea, una galaxia espiral de 100 000 millones de soles, nuestro sol es una estrella de quinto orden, situado en uno de los brazos periféricos de este majestuoso “camino de leche” de los Griegos.
De los planetas, lunas, asteroides y cometas que orbitan al sol, hasta donde se ha podido constatar, solo uno se encuentra poblado por seres vivos, se trata un pequeño globo azul en donde por alguna razón ha surgido el fenómeno que llamamos vida. En los otros astros, la luna, Marte, las lunas de los grandes planetas, las sondas espaciales que se han posado en sus superficies o que los han orbitado no han encontrado ni un solo microbio, vaya ningún rastro de materia orgánica, no podemos descartar que en resto del Cosmos pudiera existir Vida y aún vida inteligente, pero hasta el día de hoy eso no ha podido ser comprobado.
La Vida Tierra.
La tierra es un mundo vibrante, cubierto en sus tres cuartas partes por agua y rodeado de una atmosfera rica en oxigeno. La vida bulle en sus mares, en la superficie terrestre y en los aires en una gran diversidad de formas vivientes: microrganismos, organismos pluricelulares de complejidad variable, vegetales, animales en una biodiversidad que hoy día se ve amenazada, en su sobrevivencia, por cambios en los ecosistemas inducidos por los seres humanos.
Entre esos seres vivos se encuentra el Hombre, los seres humanos que tenemos ciertas características y habilidades que han permitido el surgimiento de sociedades humanas y su expansión por toda la superficie del globo.
Nosotros los médicos y el personal de salud pertenecemos a este grupo: la humanidad, y laboramos dentro de una institución cuya misión es la atención de seres humanos enfermos de cáncer. Cada uno de nosotros por razones muy propias, válidas y con toda libertad hemos decidido hacer de este lugar nuestra casa de trabajo. Esta, a grandes rasgos, es nuestra posición en el Cosmos. Cada uno hemos hecho libremente nuestra elección, en conciencia y con responsabilidad.
Hoy tocaremos un tema que le es muy propio a la medicina: El Humanismo.
El Humanismo Médico.
A manera de justificación de esta inquietud, casi obsesiva mía por el tema del humanismo, quiero citar al literato Latino Terencio que escribió: Hombre soy todo lo humano me concierne, esto es como humano que soy, me importa tratar los todos temas relacionados con el Hombre, con mi especie el homo sapiens, pues todo lo humano me es propio.
Si hay una profesión dedicada al servicio del ser humano esa es la medicina, en su declaración de principios la gran mayoría de las personas que deciden hacerse médicos mencionan entre sus motivaciones principales para estudiar medicina el prestar ayuda a sus semejantes, el servir a los enfermos, en ocasiones se mencionan aspiraciones científicas y de investigación clínica y en menor grado el afán lucro, ello por lo menos en la etapa romántica del joven médico o estudiante de medicina.
Lo sé porque en mis épocas de docente en la Facultad de Medicina, de la UNAM a cada grupo de alumnos que recibía, al inicio de cursos, solía aplicarle una pequeña encuesta: les pedía que sacaran una hoja de papel en blanco y que en uno de sus lados respondieran la siguiente pregunta: ¿Por qué quise ser medico?, y en el reverso la segunda pregunta ¿Qué tipo o clase de medico aspiro llegar a ser? Debo decir que una hora nunca fue suficiente para que los alumnos se decidieran a entregar sus escritos, invariablemente en respuesta a la primera pregunta se encontraban deseos de servir, de ayudar, de curar la enfermedad, aliviar el sufrimiento. En la segunda respuesta todos querían ser buenos médicos o cirujanos, capaces y preparados, nunca encontré alguien que no quisiera ser bueno.
¿Es necesario, hoy día, hablar de humanismo médico? ¿Es el humanismo de interés en la época actual?
Indudablemente vivimos tiempos aciagos, desde que soy nuestra nación vive en crisis, las crisis son oportunidades para llegar a ser mejores así que regocijémonos somos afortunados tenemos una oportunidad.
Desde luego estos tiempos son especialmente preocupantes en nuestro país que se encuentra en guerra, es una guerra intestina –interna- el enemigo está en casa, todos los días nos despertamos con la noticia de secuestros, de crímenes horrendos y asesinatos perpetrados con saña y crueldad inaudita, vistas solamente en épocas oscuras de la humanidad, la época del terror, las grandes guerras, en el nazismo, y ahora en nuestra época presente. La verdad en ocasiones evitamos ver las noticias o leer los periódicos. Pero no se puede ocultar lo que ocurre en mayor o menor grado en nuestra sociedad:
- La vida y la dignidad humana están degradadas.
- La libertad pretende acotarse con el miedo cuando no con el terror.
- Las conciencias se acalla con dádivas y corrupción cuando no con la violencia y muerte.
- Los valores humanos están trastocados por el deseo de poder o riqueza.
- Una elevada proporción de la población vive en la pobreza o francamente en la miseria, material, cultural y espiritual.
Podríamos pensar que estamos a salvo, que eso ocurre muy lejos de nosotros, en otros estados, en otros lugares. Es como la ilusión de aquel individuo que piensa que la enfermedad o la muerte le ocurren al otro, al vecino o a algún desconocido enterándose por las noticias, grande es la sorpresa cuando le ocurre enfermar o morir él mismo o alguien de su propia familia ¡Oh iluso! ¿Acaso nadie se te dijo que la enfermedad y la muerte no respetan a ninguno?
Sí, sí se hace necesario hablar sobre el ser humano y los valores o características que le son propios, reconociendo la necesidad de fomentarlos, a todo lo largo y ancho de la sociedad mexicana, pero especialmente en el ámbito medico, por lo delicado y sensible del que-hacer medico. Estoy convencido que ello nos llevara a ser mejores, por nosotros mismos y por nuestros pacientes.
¿Qué entiendo por el ser humano desde la perspectiva humanista?,
Entiendo al ser humano con un individuo que se constituye en un proyecto en sí mismo, que tiene una vida propia con una dimensión biológica, psicológica, social y cultural, poseedor de una conciencia de sí y de su entorno basada en la razón y en sus experiencias vivenciales; que ejerce en su vida en un marco de libertad y responsabilidad. Que debe ser tratado con respeto y dignidad independientemente de su condición económica, cultural, grupo étnico, edad, sexo, credo religioso, filiación política, o preferencias sexuales. Que vive y se realiza dentro de la sociedad humana y que está en constante transformación.
Hay dos visiones básicamente del ser humano.
a) Quien se convierte un objeto y enajenado vive a expensas de ser explotado o usado para los fines de otros y además lo permite. O es él quien explota a los demás o al entorno para enajenadamente acumular riqueza y posesiones, privilegiando "el tener".
b) Y quien toma conciencia de sus potencialidades y se autotransforma y humaniza al comprometerse a desarrollarlas o ejercerlas responsablemente, se auto crea, o bien crea arte, ciencia, etc. privilegiando "el ser".
El humanismo médico es praxis, se ejerce.
Tuve la fortuna, en mi época formativa como estudiante de la clínica de cardiología, en el Instituto Nacional de Cardiología, de conocer al Maestro Ignacio Chávez Sánchez, gloria de la medicina Mexicana, poco tiempo antes de que falleciera y escuchar de su boca conceptos sobre ciencia y humanismo en medicina. El Maestro decía, entre otras cosas, que “El humanismo no es un lujo ni un refinamiento de estudiosos que tienen tiempo de gastarlo en frivolidades. Humanismo quiere decir cultura, comprensión del hombre en sus aspiraciones y miserias; valoración de lo que es bueno, lo que es bello y lo que es justo en la vida; fijación de normas que rigen nuestro mundo interior; afán de superación…”
Es claro pues que el llegar a desarrollar el humanismo médico no es producto del azar, tampoco se puede lograr por el hecho de mencionarlo en documentos o programas institucionales ni por decreto. Se requiere una reflexión y el convencimiento profundos que nos mueva a un cambio en las actitudes ante el paciente y la búsqueda y adquisición de esa cultura superior que permita ver no solamente la enfermedad sino el padecimiento, ver no solo el cuerpo enfermo sino a la persona que padece. El camino es acercarse a la cultura, no como un adorno, sino como fuente de inspiración y conocimiento del el Hombre, particularmente las ciencias humanas, al estudio la filosofía y la historia, la antropología y la psicología, la bioética, la literatura y el arte. Parece que es mucho lo que se nos pide, pero el médico tendrá que sacar tiempo y energía de donde no lo hay si quiere adquirir esa cultura sólida que diferencia al técnico del verdadero profesional de la medicina.
El tiempo ha transcurrido y no quiero abusar de vuestra benevolencia, he querido agitar la tranquila superficie de vuestras conciencias, si he logrado generar algunas olas, en esas tranquilas aguas, podré darme por satisfecho.
A manera de despedida, mis amigos, quiero compartiros dos sentencias, de los sabios de la antigüedad clásica, que nos mueven a la acción:
Medice cura te ipsum, médico cúrate a ti mismo, de los latinos y “Conócete a ti mismo” de los griegos, son dos máximas que, a través de la lejanía de los siglos, continúan señalándonos el imperativo moral de ser mejores.
Francisco Valdés de la Torre
Memento Audere Semper

domingo, 26 de septiembre de 2010
LA CARTA DE LA TIERRA

Foto: JPL/NASA
Buen domingo, ya estamos en otoño y el año corre rápidamente hacia su fin! Quiero compartir con ustedes La Carta de la Tierra. Consciente y sinceramente interesado en la sustentabilidad de las sociedades humanas, la preservación de la bio-diversidad, y el cuidado de nuestra casa común -nuestra Madre Tierra-. Este documento promueve principios y valores para la transición a modos sostenibles de vida y a una sociedad global fundada en un marco ético compartido que incluye el cuidado y respeto de la vida en comunidad, a la integridad ecológica, a los derechos humanos, respeto a la diversidad, justicia económica, a la democracia y a una cultura de paz. Compártela y comentarla con tus familiares y amigos.
El tercer milenio, que estamos iniciando, requiere un ser humano nuevo, guiado por valores superiores, no basta el conocimiento de la ciencia ni el dominio de la técnica para ser mejores.
"LA CARTA DE LA TIERRA"
"Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
La Tierra, nuestro hogar
La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado.
La situación global
Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.
Los retos venideros
La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más.
Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas.
Responsabilidad Universal
Para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza. Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente. Por lo tanto, juntos y con una gran esperanza, afirmamos los siguientes principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales.
P R I N C I P I O S
I . RESPETO Y CUIDADO DE LA COMUNIDAD DE LA VIDA
1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad
a. Reconocer que todos los seres son interdependientes y que toda forma de vida independientemente de su utilidad, tiene valor para los seres humanos.
b. Afirmar la fe en la dignidad inherente a todos los seres humanos y en el potencial intelectual, artístico, ético y espiritual de la humanidad.
2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
a. Aceptar que el derecho a poseer, administrar y utilizar los recursos naturales conduce hacia el deber de prevenir daños ambientales y proteger los derechos de las personas.
b. Afirmar, que a mayor libertad, conocimiento y poder, se presenta una correspondiente responsabilidad por promover el bien común.
3. Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas
a. Asegurar que las comunidades, a todo nivel, garanticen los derechos humanos y las libertades fundamentales y brinden a todos la oportunidad de desarrollar su pleno potencial.
b. Promover la justicia social y económica, posibilitando que todos alcancen un modo de vida seguro y digno, pero ecológicamente responsable.
4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.
a. Reconocer que la libertad de acción de cada generación se encuentra condicionada por las necesidades de las generaciones futuras.
b. Transmitir a las futuras generaciones valores, tradiciones e instituciones, que apoyen la prosperidad a largo plazo, de las comunidades humanas y ecológicas de la Tierra."
Amigos, comparto enteramente el espíritu de este documento, por eso hoy domingo 26 de septiembre del año 2010, he decidido adherirme a esta propuesta con cuya escencia comulgo íntegramente. Os invito a reflexionar calmadamente en cada uno de los puntos, reconoceréis que trabajar por lograrlos es la solución, sostenible, a los problemas globales, y particulares, que hoy día nos aquejan y dará un sentido superior a vuestras vidas. Recuerda que el Gran Océano se compone de infinidad de pequeñas gotas, arroja la tuya. Un gran abrazo.
Memento audere semper
*************************************
Para suscribir la carta de la tierra:
http://www.cartadelatierra.org
Para más información y proyectos de La Carta de la Tierra:
http://www.earthcharterinaction.org/content/
Para ver videos en internet:
http://www.youtube.com/ECInternational
domingo, 19 de septiembre de 2010
“Prometo No Olvidar a Mis Amigos”
Estas reflexiones las hice hice el año pasado, cuando aún no contaba con este espacio de comunicación. Ahora a 25 años del suceso os las comparto.
“Prometo No Olvidar a Mis Amigos”
A 24 años del Gran Sismo de 1985
Hace 24 años, en la Ciudad de México, un jueves 19 de septiembre de 1985 a las 07:19 a.m., ocurrió un Gran Sismo que alcanzo 8.6 grados en la escala de Richter. La tierra se sacudió con violencia inaudita, durante algunos minutos se libero una gran cantidad de energía devastadora, estrepitosamente cayeron las construcciones sobre sus moradores. El resultado: pérdidas humanas y materiales a todo lo largo y ancho de la gran metrópoli, contándose por miles las casas y edificios dañados o destruidos y por miles los habitantes de la ciudad siniestrados, muertos o traumatizados, que entre la población dejo la ola de devastación en todo el Valle de México.
La comunidad médica, se vio lastimada en gran manera, sufriendo daños severos los nosocomios insignia como el Hospital General de México, el Centro Médico Nacional del IMSS y el Hospital Juárez, donde cientos de médicos y enfermeras perdieron la vida , resultaron lesionados ó desaparecidos. En breves minutos el terremoto cambio la faz de la ciudad y en breves minutos también cambió la vida de miles de personas y sus familias.
En ese entonces yo estaba realizando el tercer año de la especialidad en Medicina Interna en el “General”, era el cuarto año que vivía en la habitación 406 de residencia de médicos del Hospital General de México, compartía habitación con José Luis Zapett Tapia, residente de tercer año de cardiología, y dos residentes de anestesiología, Enrique Guadarrama y Giorgio Borgetti.
Con José Luis nació la amistad ocho años atrás, nos conocimos a mitad de la carrera de medicina, trabajábamos como enfermeros en el Instituto Nacional de Cardiología, y nos volvimos a encontrar, tiempo después, en el “General” durante los primeros años de residencia, surgió una amistad genuina y franca, de respeto y admiración mutua, tanto así que comenzamos a llamarnos “compadre” entendiendo que éste es un vocablo que hermana a los individuos en la paternidad, los hermanos biológicos lo son por accidente, los compadres lo son por elección. Estábamos en trámites de becas para continuar estudios de postgrado en Europa, yo había recibido cartas de aceptación del Dr. Bernard Amor, Reumatólogo de Paris y José Luis había sido aceptado en un Hospital cardiológico de Montpellier. Esa mañana José Luis llegó como a las 07:10 A.M. para ponernos de acuerdo a fin de que al término de la jornada acudiésemos a la embajada Francesa a realizar trámites, estábamos conversando cuando todo empezó a moverse, yo sujete una pecera que tenía cerca, por el temor de que cayese -tan fuertes eran las sacudidas-, tratábamos de tranquilizarnos diciéndonos que el temblor de tierra pasaría pronto, no fue así por el contrario aumento la violencia y frecuencia de las sacudidas e instantes después vi como caían de un librero los libros, entonces pensé “a caray esto si que esta fuerte” y enseguida el edificio se desplomó, ya no pude ver nada, solo sentí como una fuerte mano que golpeaba mi cabeza y espalda al ir cayendo en secuencia los ocho pisos de la residencia de médicos, un estruendo seguido del ruido de ladrillos y losas, polvo y oscuridad, luego los ayes de dolor y gritos, las voces tratando de localizar a los compañeros y amigos, tratando de hacer contacto por la voz ya que estábamos atrapados bajo la mole de escombro. Un dolor agudo e intenso me atravesó la pelvis, estaba en posición de “Split” con el tronco echado hacia adelante y sobre mi espalda una pesadísima trabe, que me impedía todo movimiento. Una vez pasada la fase de sacudida y asentados los escombros siguió otra de alarma y sorpresa, entre los quejidos y lamentos se escuchaban voces excitadas y gente corriendo. Con mi compadre nos hablamos, nos preguntamos como estábamos, el dolor en la espalda y pelvis era insoportable y así se lo expresé, calmado como era mi compadre José Luis me tranquilizó diciéndome que confiara en que pronto seríamos rescatados: “Calma compadre…” y no le volví a escuchar más.
El tiempo me ha enseñado que la vida así es, nada nos pertenece, todo nos fue dado: lo material, la salud, los amigos, la vida misma y todo ello un día nos dejará, por tanto hay que vivir cada día con entusiasmo y alegría, sin amargura.
El pasado no se debe olvidar, pero sé que no hay que vivir en el, lo que no acaba contigo te fortalece y mi ganancia de todas esas vivencias es incuantificable, solo sabe lo que significa estar gravemente enfermo y lo que se experimenta en esa situación quien lo vive y en ese sentido mi ganancia es doble: sobrevivir a la catástrofe y la experiencia de vida que fue enriquecedora, más aún siendo médico.
Esta fecha es y será muy especial en mi vida, soy un privilegiado de Dios y por tanto siempre estoy agradecido con el Señor por haberme dado la oportunidad de continuar; sé que mi vida cambió mucho y aprendí a valorar más lo que tengo: vida, salud, intelecto, familia, amigos, trabajo, un cosmos maravilloso para explorar, en ese orden.
El fracaso –si así quiere verse a estar siniestrado- es pedagógico, enseña con la pedagogía del sufrimiento a ser humilde y a ver la vida desde otros ángulos, del otro lado, del lado del enfermo, creo que me sirvió mucho para conocer y comprender el dolor físico, moral y espiritual que se padece cuando uno está postrado en una cama, impotente para todo y dependiente de los demás también en todo, no solo duele el cuerpo y las heridas, también hay miedo, angustia, incertidumbre. Se experimenta todo ello en soledad, pues se pierde la confianza que uno solía tener, después de todo ni la misma tierra que uno pisa es sólida ni mucho menos estable.
En esas circunstancias también se aprende lo que es la solidaridad humana, el valor de los amigos, la compasión y por supuesto también el miedo, la incertidumbre del futuro y el dolor en todas sus dimensiones.
Creo, sinceramente, haber salido fortalecido de la experiencia y solo lamento la ausencia de algunos de los que allá quedaron, por eso la primera oración que exprese fue “Prometo no olvidar a los amigos”. Los años han pasado, la ciudad se ha recuperado, los edificios, casas y hospitales se han vuelto a edificar; los huesos rotos y las heridas han sanado y muchos –aún familiares- han olvidado lo ocurrido. Más nosotros los que entonces estuvimos ahí, ya no somos los mismos. En la existencia de una persona hay sucesos que le marcan, para bien o para mal, para mi este cataclismo fue un parte-aguas, el antes y el después. En mi caso el balance es positivo, creo que fue para bien, pero lo que nunca comprenderé son las vidas y las ilusiones truncadas, tal vez la respuesta sea esta: la vida es como es y no esperes que la vida sea justa.
Hace tiempo que he estado recordando a la familia de mi amigo, pero he tenido un no sé cómo llamarlo, tal vez un temor de remover la herida, la de ellos y la mía propia, más no se puede uno pasar la vida huyendo de los recuerdos y es por ello que hoy rompo el silencio de años.
Comparto algo que escribí hace algun tiempo, a veces la mente sepulta los sucesos que le lastiman y prefiere tratar de olvidarlos, bien sé la grandísima tragedia que el hecho representó para todos nosotros, los de entonces.
Ciudad de México, Distrito Federal. A 19 de septiembre de 2009.
FVT
Memento audere semper
“Prometo No Olvidar a Mis Amigos”
A 24 años del Gran Sismo de 1985
Hace 24 años, en la Ciudad de México, un jueves 19 de septiembre de 1985 a las 07:19 a.m., ocurrió un Gran Sismo que alcanzo 8.6 grados en la escala de Richter. La tierra se sacudió con violencia inaudita, durante algunos minutos se libero una gran cantidad de energía devastadora, estrepitosamente cayeron las construcciones sobre sus moradores. El resultado: pérdidas humanas y materiales a todo lo largo y ancho de la gran metrópoli, contándose por miles las casas y edificios dañados o destruidos y por miles los habitantes de la ciudad siniestrados, muertos o traumatizados, que entre la población dejo la ola de devastación en todo el Valle de México.
La comunidad médica, se vio lastimada en gran manera, sufriendo daños severos los nosocomios insignia como el Hospital General de México, el Centro Médico Nacional del IMSS y el Hospital Juárez, donde cientos de médicos y enfermeras perdieron la vida , resultaron lesionados ó desaparecidos. En breves minutos el terremoto cambio la faz de la ciudad y en breves minutos también cambió la vida de miles de personas y sus familias.
En ese entonces yo estaba realizando el tercer año de la especialidad en Medicina Interna en el “General”, era el cuarto año que vivía en la habitación 406 de residencia de médicos del Hospital General de México, compartía habitación con José Luis Zapett Tapia, residente de tercer año de cardiología, y dos residentes de anestesiología, Enrique Guadarrama y Giorgio Borgetti.
Con José Luis nació la amistad ocho años atrás, nos conocimos a mitad de la carrera de medicina, trabajábamos como enfermeros en el Instituto Nacional de Cardiología, y nos volvimos a encontrar, tiempo después, en el “General” durante los primeros años de residencia, surgió una amistad genuina y franca, de respeto y admiración mutua, tanto así que comenzamos a llamarnos “compadre” entendiendo que éste es un vocablo que hermana a los individuos en la paternidad, los hermanos biológicos lo son por accidente, los compadres lo son por elección. Estábamos en trámites de becas para continuar estudios de postgrado en Europa, yo había recibido cartas de aceptación del Dr. Bernard Amor, Reumatólogo de Paris y José Luis había sido aceptado en un Hospital cardiológico de Montpellier. Esa mañana José Luis llegó como a las 07:10 A.M. para ponernos de acuerdo a fin de que al término de la jornada acudiésemos a la embajada Francesa a realizar trámites, estábamos conversando cuando todo empezó a moverse, yo sujete una pecera que tenía cerca, por el temor de que cayese -tan fuertes eran las sacudidas-, tratábamos de tranquilizarnos diciéndonos que el temblor de tierra pasaría pronto, no fue así por el contrario aumento la violencia y frecuencia de las sacudidas e instantes después vi como caían de un librero los libros, entonces pensé “a caray esto si que esta fuerte” y enseguida el edificio se desplomó, ya no pude ver nada, solo sentí como una fuerte mano que golpeaba mi cabeza y espalda al ir cayendo en secuencia los ocho pisos de la residencia de médicos, un estruendo seguido del ruido de ladrillos y losas, polvo y oscuridad, luego los ayes de dolor y gritos, las voces tratando de localizar a los compañeros y amigos, tratando de hacer contacto por la voz ya que estábamos atrapados bajo la mole de escombro. Un dolor agudo e intenso me atravesó la pelvis, estaba en posición de “Split” con el tronco echado hacia adelante y sobre mi espalda una pesadísima trabe, que me impedía todo movimiento. Una vez pasada la fase de sacudida y asentados los escombros siguió otra de alarma y sorpresa, entre los quejidos y lamentos se escuchaban voces excitadas y gente corriendo. Con mi compadre nos hablamos, nos preguntamos como estábamos, el dolor en la espalda y pelvis era insoportable y así se lo expresé, calmado como era mi compadre José Luis me tranquilizó diciéndome que confiara en que pronto seríamos rescatados: “Calma compadre…” y no le volví a escuchar más.
El tiempo me ha enseñado que la vida así es, nada nos pertenece, todo nos fue dado: lo material, la salud, los amigos, la vida misma y todo ello un día nos dejará, por tanto hay que vivir cada día con entusiasmo y alegría, sin amargura.
El pasado no se debe olvidar, pero sé que no hay que vivir en el, lo que no acaba contigo te fortalece y mi ganancia de todas esas vivencias es incuantificable, solo sabe lo que significa estar gravemente enfermo y lo que se experimenta en esa situación quien lo vive y en ese sentido mi ganancia es doble: sobrevivir a la catástrofe y la experiencia de vida que fue enriquecedora, más aún siendo médico.
Esta fecha es y será muy especial en mi vida, soy un privilegiado de Dios y por tanto siempre estoy agradecido con el Señor por haberme dado la oportunidad de continuar; sé que mi vida cambió mucho y aprendí a valorar más lo que tengo: vida, salud, intelecto, familia, amigos, trabajo, un cosmos maravilloso para explorar, en ese orden.
El fracaso –si así quiere verse a estar siniestrado- es pedagógico, enseña con la pedagogía del sufrimiento a ser humilde y a ver la vida desde otros ángulos, del otro lado, del lado del enfermo, creo que me sirvió mucho para conocer y comprender el dolor físico, moral y espiritual que se padece cuando uno está postrado en una cama, impotente para todo y dependiente de los demás también en todo, no solo duele el cuerpo y las heridas, también hay miedo, angustia, incertidumbre. Se experimenta todo ello en soledad, pues se pierde la confianza que uno solía tener, después de todo ni la misma tierra que uno pisa es sólida ni mucho menos estable.
En esas circunstancias también se aprende lo que es la solidaridad humana, el valor de los amigos, la compasión y por supuesto también el miedo, la incertidumbre del futuro y el dolor en todas sus dimensiones.
Creo, sinceramente, haber salido fortalecido de la experiencia y solo lamento la ausencia de algunos de los que allá quedaron, por eso la primera oración que exprese fue “Prometo no olvidar a los amigos”. Los años han pasado, la ciudad se ha recuperado, los edificios, casas y hospitales se han vuelto a edificar; los huesos rotos y las heridas han sanado y muchos –aún familiares- han olvidado lo ocurrido. Más nosotros los que entonces estuvimos ahí, ya no somos los mismos. En la existencia de una persona hay sucesos que le marcan, para bien o para mal, para mi este cataclismo fue un parte-aguas, el antes y el después. En mi caso el balance es positivo, creo que fue para bien, pero lo que nunca comprenderé son las vidas y las ilusiones truncadas, tal vez la respuesta sea esta: la vida es como es y no esperes que la vida sea justa.
Hace tiempo que he estado recordando a la familia de mi amigo, pero he tenido un no sé cómo llamarlo, tal vez un temor de remover la herida, la de ellos y la mía propia, más no se puede uno pasar la vida huyendo de los recuerdos y es por ello que hoy rompo el silencio de años.
Comparto algo que escribí hace algun tiempo, a veces la mente sepulta los sucesos que le lastiman y prefiere tratar de olvidarlos, bien sé la grandísima tragedia que el hecho representó para todos nosotros, los de entonces.
Ciudad de México, Distrito Federal. A 19 de septiembre de 2009.
FVT
Memento audere semper
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