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lunes, 19 de enero de 2015

La Efímera y El Roble


La Efímera y El Roble

El fin y el final de la vida son misterios que la mente humana no acaba de resolver, plantean incógnitas para las cuales no existen respuestas certeras, las religiones, las filosofías y otros sistemas del pensamiento humano han propuesto algunas respuestas, más entre ellas no existe, en realidad, una sola que las unifique, más pueden ser complementarias. 
En algunos de nosotros nuestra mente-espíritu pregunta e intenta buscar respuestas, otros resignados se conforman con vivir el momento. Más cuando enfrentamos cercanamente la realidad de la muerte en alguien próximo, es entonces que vemos como en un espejo nuestro propio fin como una realidad factible y son esos momentos en que mezclado con la tristeza y el dolor nuestra mente-espíritu se cuestiona esas preguntas fundamentales ¿Para qué se vive? ¿Por qué se vive? ¿Por qué hay que morir? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Existe un Dios bondadoso?…. y otras más.

La consciencia no puede comprender como algo tan hermoso, como es la vida, termine; ni que un ser divino tan magnífico lo permita y también permita el sufrimiento… pero no hay tal, los procesos de la Vida y del Cosmos a la par, a mi manera de ver tienen fines que nosotros no alcanzamos a comprender en lo inmediato, en nuestra perspectiva humana y terrenal, para ilustrar narraré una pequeña historia:
  
Cuentan que una efímera –un insecto que lleva ese nombre porque solamente vive un día: en un día nace, se aparea y muere -  estaba parada en el tronco de un roble centenario… entonces alguien que pasaba preguntó al insecto si había notado algún cambio en el vetusto árbol,  y la efímera muy ufana contesto: “…no, no creo, llevo toda mi vida aquí y no he observado ningún cambio…” 



¡Evidente cortedad de miras de la efímera por su propia naturaleza!  Así los seres humanos ante la escala y los procesos del Cosmos Magnífico.

Recién un amigo muy apesadumbrado me comunicó la pérdida de su compañera de toda la vida y le he dicho: …Amigo, la vida es una, tiene un principio y un final, durante nuestras vidas coincidimos y caminamos un trecho con personas hermosas, en esa cercanía las llegamos a amar, a veces de esa cercanía y de ese amor y unión surgen otras personas hermosas, por un misterio insondable que genera esa maravilla que llamamos Vida, a esas otras personas les llamamos hijos, son la prueba viviente de ese amor. Así en una sucesión de pasos innumerables, entreverados, que en lo individual no alcanzamos a percibir cual es su sentido. 

En el discurso cósmico estos sucesos, las vidas individuales, son solamente un paso de un Todo en continuo cambio y evolución, del cual cada uno de nosotros formamos una pequeña parte, y como todo en el Cosmos llegado el momento sufriremos una transformación,  a esa transformación le llamamos muerte, más los procesos cósmicos no son azarosos como a primera vista parece, hay un orden y un fin que la mente humana, aún con todo el conocimiento logrado, no alcanza a comprender…

…Porque somos la efímera parada en el tronco de un vetusto roble.


Francisco Valdés de la Torre

Memento Audere Semper











México MMXV

sábado, 12 de julio de 2014

HUMANISTAS. LEONARDO BOFF: El Arte de Cuidar a los Enfermos.




El Arte de Cuidar a los Enfermos.
Por Leonardo Boff


En los últimos años he trabajado en profundidad la categoría de cuidado sobre todo en los libros 'Saber cuidar' y 'El cuidado necesario'. Cuidar más que una técnica o una virtud, entre otras, es un arte y un nuevo paradigma de respeto, con la naturaleza y con las relaciones humanas, amoroso, diligente y participativo. He tomado parte en muchas reuniones y conferencias de profesionales de la salud con los que he podido hablar y aprender, pues el cuidado es la ética natural de esta actividad tan sagrada. Retomo aquí algunas ideas referentes a las actitudes que deben estar presentes en las personas que cuidan a los enfermos ya sea en casa o en el hospital. Veamos algunas de ellas.




Compasión: es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y sentir con él. Que perciba que no está solo en su dolor.


Caricia esencial: tocar al otro es devolverle la certeza de que pertenece a nuestra humanidad; el toque de la caricia es una manifestación de amor. A menudo, la enfermedad es una señal de que el paciente quiere comunicarse, hablar y ser escuchado. Quiere encontrar un sentido a la enfermedad. El enfermero o la enfermera y el médico o la médica pueden ayudarle a abrirse y hablar. Testimonio de una enfermera: "Cuando te toco, te cuido, cuando te cuido te toco… Si eres una persona mayor te cuido cuando estas cansado; te toco cuando te abrazo; te toco cuando estás llorando, te cuido cuando ya no puedes andar".


Asistencia sensata: El paciente necesita ayuda y la enfermera o enfermero desea cuidar. La convergencia de estos dos movimientos genera reciprocidad y la superación del sentimiento de una relación desigual. Crearle un soporte que le permita mantener una relativa autonomía. La asistencia debe ser prudente: incentivar al paciente a hacer todo lo que él pueda, animarle a hacerlo y asistirlo solamente cuando ya no puede hacerlo por sí mismo.



Devolverle la confianza en la vida: Lo que más desea el enfermo es recuperar el equilibrio perdido y volver a estar sano. De aquí que sea decisivo devolverle la confianza en la vida, en sus energías interiores, físicas, psíquicas y espirituales, pues ellas actúan como verdaderas medicinas. Incentivar gestos simbólicos cargados de afecto. No es raro que los dibujos que una niña hace para su padre enfermo susciten en él tanta energía y buen ánimo como si hubiera tomado la mejor de las medicinas. Ayudarle a acoger la condición humana: Normalmente el paciente se pregunta sorprendido: ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí ahora que todo me iba tan bien? ¿Por qué si soy joven aun me ataca esta grave enfermedad? ¿Por qué las relaciones familiares, sociales y laborales se cortan por la enfermedad? Tales interrogantes remiten a una reflexión humilde sobre la condition humaine, expuesta en todo momento a riesgos y a vulnerabilidad inesperadas.

Toda persona sana puede enfermar. Y toda enfermedad remite a la salud que es el principal valor de referencia. Pero no conseguimos saltar por encima de nuestra sombra y no hay modo de acoger la vida así como es: sana y enferma, fuerte y frágil, apasionada por vida y teniendo que aceptar eventuales enfermedades y, en última instancia, la misma muerte. En esos momentos los pacientes hacen profundas revisiones de vida, no se contentan solo con las explicaciones científicas (siempre necesarias) dadas por los médicos, sino que ansían un sentido que surge a partir de un diálogo profundo con su Self o de la palabra sabia de un sacerdote, de un pastor o de una persona espiritual. Recuperan entonces valores cotidianos que antes ni siquiera notaban, redefinen su plan de vida y maduran. Y acaban teniendo paz. 

Acompañarle en la gran travesía: Hay un momento inevitable en que todos, hasta la persona más anciana del mundo, tenemos que morir. Es la ley de la vida, sujeta a la muerte. Es una travesía decisiva. Debe ser preparada por toda una vida que se ha guiado por valores morales generosos, responsables y benéficos. Sin embargo, para la gran mayoría, la muerte es sufrida como un asalto y un secuestro ante los cuales se siente impotente. Y finalmente se da cuenta de que debe entregarse.




La presencia discreta, respetuosa de la enfermera o del enfermero, dándole la mano, susurrándole palabras de consuelo, invitándolo a ir al encuentro de la Luz y al seno de Dios que es Padre y Madre de bondad pueden hacer que el moribundo salga de la vida sereno y agradecido por la existencia que vivió.

Si tiene una referencia religiosa, susurrarle al oído las palabras tan consoladoras de San Juan: Si tu corazón te acusa, recuerda que Dios es más grande que tu corazón (3,20). Puede entregarse tranquilamente a Dios cuyo corazón es de puro amor y misericordia. Morir es caer en los brazos de Dios.




Aquí el cuidado se revela mucho más como arte que como técnica y supone en el profesional de la salud densidad de vida, sentido espiritual y una mirada que va más allá de la vida y de la muerte.

Alcanzar ese estadio es una misión que el enfermero y la enfermera, también los médicos y las médicas deben buscar para ser plenamente servidores de la vida. Para todos valen estas palabras sabias: La tragedia de la vida no es la muerte, sino aquello que dejamos morir dentro de nosotros mientras vivimos.

Leonardo Boff  
(Concordia, Brasil 1938 -)
Teólogo, Humanista, Pensador, Filósofo, Ecologista y Escritor Brasileño.






Subido por:

Francisco Valdés de la Torre
Memento Audere Semper



México MMIV





domingo, 13 de abril de 2014

Metamorfosis (Spanish & English)





Español
METAMORFOSIS

Discretamente la oruga se arrastra por la rama del arbusto hacia las hojas de las cuales se alimenta, las mordisquea con cierta voracidad, en su interno tiene necesidad de engullir cada día gran cantidad de follaje pues su cuerpo crece rápidamente merced a la fuerza de la vida que en su interior así lo exige. El impulso vital es incontenible, irrefrenable, sigue leyes de la naturaleza que aseguran la supervivencia.



En un momento dado la oruga se detiene en una rama, teje un capullo y se introduce en él, el hambre voraz ha cesado, dentro del refugio ahora ella en apariencia duerme… si se la mira exteriormente parece inmóvil, estática, tal vez una irregularidad más en la rama del árbol, más en su interior bullen cambios, después de unas semanas el pequeño bulto se mueve de nuevo y desde el interior abre el capullo brotando un nuevo ser, alado, brillante, un ser transformado, diferente…  cuyas alas irradian los colores luminosos de la creación.



Después de otro breve período de preparación extiende sus alas, las mueve lentamente y finalmente eleva el vuelo… ahora solamente se alimenta del néctar de las flores, ese sutil alimento sagrado. La mariposa vuela entre las flores del campo polinizando, contribuyendo con su quehacer diario a la Opus Magnífica, irradiando luz, fecundando en todo momento… dejando tras de sí un rastro de vida y amor, tal cual es la esencia de quien así lo ha dispuesto todo.

En un tiempo seremos orugas, en otro mariposas… la metamorfosis del ser es inevitable, la constante del Universo es el cambio no lo resistáis antes bien favorecedlo en eso consiste la sabiduría, en saber vivir según los ciclos y momentos del Cosmos.




(English)
METAMORPHOSIS

Discreetly the caterpillar crawls by the branch from the shrub toward the leaves on which it feeds, nibble them with certain voracity, in her internal she needs to gobble up every day lots of foliage because its body is growing rapidly thanks to the force of life which in her interior requires it. The vital impulse is irrepressible, unstoppable, follows laws of nature ensuring survival.

At any given time the caterpillar stops on a branch, weaves a cocoon and enters into it, the voracious hunger has ceased, within the refuge now she apparently sleeps... If you look it outwardly seems motionless, static, perhaps an irregularity in the branch of the tree, moreover inside bullen changes, after a few weeks the small bulk moves again and from the inside opens the bud sprouting a new being winged, shiny, brilliant transformed, different... whose wings radiate the bright colours of creation.



After another brief period of preparation spreads its wings, moves them slowly and finally raises the flight... now she only feeds of the nectar of flowers, that subtle sacred food. Butterfly flies among the flowers of the field pollinating, contributing with their daily work to the Magnificent Opus, radiating light, fertilizing at all times... leaving behind him a trail of Life and Love, that is the essence of Him, who as well it has arranged everything.

In a time we will be caterpillars, another time we will be butterflies... the metamorphosis of being is inevitable, the constant in the universe is to change, do not resist it rather favor it, that is the meaning of wisdom, the knowledge how to live according to the cycles and moments of the Cosmos.



Video de la metamorfosis de Vanessa atalanta (Dar click)
Video en YouTube por Rüdiger Hartmann


Francisco Valdés de la Torre
Memento Audere Semper


México, MMXIV 


martes, 2 de noviembre de 2010

Muerte en Samarkanda



Muerte en Samarkanda
A propósito de la Celebración del Día de Muertos en México

In Memoriam,  Víctor Manuel Lira Puerto


Hoy se celebra en México el "Día de Muertos" o de los fieles difuntos. Como la muerte tiene diversas maneras de ser vista no quise dejar pasar esta oportunidad de hacer un aporte, sencillo, a reserva de que en el futuro regrese sobre el tema de la muerte. El escrito a continuación lo redacte durante la convalecencia de una intervención quirúrgica a la que fui sometido de urgencia en mayo pasado. Pero, basta de preámbulo, mejor léanlo, valen comentarios.


Hace diez días fui intervenido quirúrgicamente del abdomen por un hematoma subcapsular esplénico y hace seis días fui dado de alta. Estoy convaleciente en casa de mis padres. Ser paciente no es lo que mejor se le dé a un médico acostumbrado, como estoy, a estar del “otro lado” a ser el “Doctor”. En cambio de este lado todo se ve diferente, por ejemplo la aguja hipodérmica se mira enorme, por más que le digan a uno que “solo es un piquetito”. Sin embargo es buena la experiencia ya que el dolor y el sufrimiento son pedagógicos, nos enseñan a valorar la salud y todo lo bueno que la vida nos da, a los médicos nos da la oportunidad de comprender mejor a nuestros pacientes.


Especialmente las noches de un enfermo son difíciles, por la noche se recrudecen los dolores, se presentan pesadillas, se padece de insomnio, asaltan las dudas sobre el futuro, sobre la recuperación, también sobre la posibilidad de la propia muerte; la noche de un enfermo es una larga noche, rara vez el sueño es continuo, se duerme a intervalos, a ratos, cuando no es una dolencia, es la necesidad de orinar, de cambiar de posición, hasta la expulsión de gases le recuerda el enfermo su condición y se hace con molestia, con dolor, todo ello nos hace valorar las cosas simples de la vida, hasta el respirar en ocasiones es difícil y molesto, sea porque se tiene dolor, sea porque el vientre esta hinchado y distendido, sea porque se tiene un cólico.



A veces no se quiere uno ni mover, pero se tiene que mover. La vida es movimiento constante, el latido cardíaco y la circulación sanguínea, desde el nacimiento hasta la tumba, son un movimiento continuo cuando cesan sobreviene la muerte; también se mueven los pulmones impulsados por el batir y rebatir del diafragma haciendo fluir y refluir el aire vital; se mueven las vísceras, ¡Ay, sí que se mueven! con dolorosos cólicos que desplazan esos fluidos; fluye la orina y ¡ay que dolor! al momento del vaciamiento de la vejiga urinaria; la enfermedad agudiza nuestros sentidos y la auto-percepción. Estar convaleciente nos hace comprender y percibir los fenómenos vitales más simples, para todo ello se tiene el tiempo, cuando se está enfermo.


A tanto estar despierto durante esas largas veladas nocturnas comienza uno a poner atención en los ruidos de la habitación, los ruidos de la calle, los ronquidos, algunos crujidos de las ventanas que al bajar la temperatura se acomodan. Los ruidos de la casa, con el contraste del silencio circundante, se magnifican y de pronto comienza uno a ver sombras que pasan fugaces, creemos ver “algo” y nos acurrucamos bajo las cobijas, nos cubrimos con las mantas hasta las orejas, nos asalta la duda si realmente se vio pasar algo o alguien, aparecen los temores infantiles (que no por infantiles atemorizan menos). Me pregunto, ¿Será acaso la muerte que anda rondando? o ¿Serán la ánimas de los abuelos? o mi padre en pena. Tal vez la del bisabuelo, cuyo retrato enseñorea la sala de la casa paterna. En la oscuridad vagan siluetas silenciosas, escurridizas, indefinidas. Hay el temor de en cualquier momento, verla a ella la huesuda, con la guadaña en la siniestra y pelar la mazorca llena de dientes, esa perenne sonrisa que parece burlarse de nuestro miedo ante el encuentro inevitable, incierto pero seguro. No por sabida o esperada la llegada de la ciriaca deja de causar sobresalto, siempre nos sorprende, supongo será por ese temor innato a ella, será porque se tiene la esperanza de se lleve a otros antes que a uno, aún podemos llegar a tener la esperanza de que nos le olvidemos, así que cuando llega siempre causa sorpresa, miedo, angustia, dolor, a veces rabia y frecuentemente llanto.


Estaba durmiendo, a la hora de maitines (la madrugada de los monjes) sonó el teléfono celular y desperté, era un mensaje, leí: “Misa en memoria del fallecimiento del Dr. Víctor Manuel Lira Puerto – jueves 6 de mayo 8 PM – iglesia…”. Quedé sin habla, petrificado, !Vaya…! ¡El árbol de la oncología mexicana ha perdido otra de sus ramas!. El Dr. Lira Puerto se había jubilado hace algunos años siempre será considerado y recordado como un pilar de la oncología médica en nuestro amado Hospital de Oncología: Víctor Manuel Lira Puerto fue un médico entusiasta, inquieto investigador clínico, humanista convencido, formador tesonero de jóvenes médicos oncólogos. Como hombre siempre mesurado y correcto, un caballero en toda la extensión de la palabra y buen amigo, ¡Descanse en paz!.


Quedé cavilando, con los ojos abiertos, mirando hacia la penumbra, esas sombras, esas siluetas no eran ciriaca rondándome, de haber sido ella no habría dudado en presentarse tal cual, directa y franca, como relata la leyenda de La Muerte en Samarcanda que narro a continuación:
Cuentan los que saben y han tenido una larga vida que..... caminando por un mercado de Persia Salim, un camellero de unos cincuenta años, se encontró de manos a boca con la muerte, de frente, tal cual, solo cubierta con un manto raído y la hoz en la huesuda mano siniestra. 
Allí estaba ella parada en una esquina, por supuesto que Salim se puso inquieto al ver que mujeres con el rostro cubierto pasaban junto a la parca sin notar su presencia, lo mismo sucedía con otros camelleros y comerciantes que casi la arrollaban a su paso y ni se inmutaban, parecieran no ver lo que Salim estaba mirando. 
El hombre se mesó la barba, se frotó con el dorso de las manos los ojos, sacudió la cabeza y volvió a mirar, ella seguía allí inmóvil, sin hacer ningún ademán o siquiera la menor intención de entablar comunicación; pasó un chiquillo jugando con un aro junto a ella, como si nada; los mismos perros del zoco riñendo por un hueso de cordero que Ibrahim, el carnicero, había arrojado, no parecieron notar su presencia.

Salim recordó las consejas de su abuela Saima: “solo el que va a morir puede ver el rostro de la muerte, para los demás es invisible…”.  En ese momento el buen Salim comprendió el significado de aquel encuentro, entonces era él, ¡La muerte venía por él!, pensó. 
Había llegado su hora, pero no..., no podía ser él, se dijo, él aún era un hombre fuerte y sano, hasta donde podía conocerse, tal vez las historias de la abuela Saima estuvieran equivocadas. De cualquier manera él tenía la fuerza vital para tratar de evitar aquel encuentro. 


Rápidamente, Salim, cambio de rumbo y se dirigió a través de bazares, tenerías y tiendas de especias, por callejones, pero al salir a una explanada ella estaba ahí, de pie, tranquila y serena, tampoco en esta ocasión intentó la parca hacer algún contacto con el camellero. Salim regresó sobre sus pasos y rápidamente se dirigió a la mansión de Abdullah, un rico comerciante, amigo suyo y le suplico le prestara el más rápido de sus caballos, de pura raza Árabe, pues tenía que salir a toda prisa de Suxa a una diligencia urgente, sin cuestionarlo Abdullah ordenó al caballerango le entregara el mejor corcel de su cuadra.


Salim montó el poderoso animal y salió a todo galope rumbo al levante, cuando en el horizonte se perdieron los minaretes de la Gran Mezquita de Suxa el infeliz camellero se sintió un poco aliviado en su corazón. 


Continuó galopando durante cinco días con sus cinco noches hasta llegar a Samarkanda, allí se dirigió a un caravasar donde entregó al caballo para que se le diese de comer y de beber y él mismo se dirigió a la posada para tomar algún alimento y descansar. 
De pronto, al atravesar el patio principal del caravasar Salim la vio junto a la fuente del agua, ahí estaba ella tan fresca y tranquila como sin nada, Salim casi topa con ella y lo primero que acertó a decir tartamudeando fue: 


- “Me sorprendió…, me sorprendió encontrarte el domingo en Suxa…!” 


y ella le respondió con una voz cavernosa, como salida del más allá, 


- “A mí también me extrañó verte en Suxa, porque nuestra cita es hoy viernes, aquí... en Samarkanda...!”


Salim no intentó oponer ya más resistencia, la última imagen que quedó grabada en sus pupilas fue la silueta de las palmeras de un oasis cercano, recortadas por un cielo azul limpísimo, movidas suavemente por la brisa del simún... Fin.


A la memoria del Dr. Víctor Manuel Lira Puerto, acaecida el cinco de mayo de 2010. Requiescat in pace.



Francisco Valdés de la Torre
Memento Audere Semper



México MMX